martes, 11 de mayo de 2010

HECHOS #5: DISCIPLINA: ¿NEGOCIACION O VARAZO?

Hoy en día ser padre es extremadamente difícil: ese es otro hecho. Es andar cada día sobre una cuerda floja sobre el edificio más alto y sin paracaídas, nos tiene cada segundo con el alma en vilo ¿verdad? pero es a la vez es la bendición más grande que Dios ha podido conceder a sus hijos.

El corazón de un padre es doblemente grande y sus preocupaciones y responsabilidades también. Velar por otra vida además de la nuestra es difícil sobre todo cuando andamos con las justas con nuestro propio espíritu. Lo digo como quien lo vive cada día y aunque soy de las que sufre en silencio, decidí escribir esta pequeña reflexión porque me han llegado muchos, muchos mails de padres con están atravesando problemas con sus hijos.

Tendemos a pensar que por el hecho de ser cristianos se nos facilitan las cosas. Lo cierto en esa creencia es que no es nada cierto. Nadamos contra la corriente en el día a día y nuestra labor como padres no se escapa de esta realidad. El mundo nos dice una cosa, la Biblia nos dice otra. Cuando mi hija recién nació la onda de los pediatras era que teníamos que darles de comer (lactar) cada vez que tenían hambre (no sé si la onda sigue igual) resultado: el niño come cuando le da la gana y así algo tan sencillo, mundano y práctico puede ocasionarnos mil problemas, en este caso, por ejemplo, yo no dormía, mi hija lloraba todo el santo día, estaba de mal humor, etc. Por lo tanto y como moraleja: antes de poner en práctica algo, debemos usar nuestro cerebro, nuestro sentido común y nuestra Biblia, porque ¿somos cristianos no?

Pero vayamos al grano.

EL ARBOL SE TUERCE POR FALTA DE GUIA

Un día decidimos tener un árbol. Nos hacemos con la semilla y la plantamos. Este árbol va creciendo y requiere cuidado, tienes que alimentarlo, plantarlo en un lugar adecuado para que tenga aire, sol, para que sus raíces puedan crecer sin causar daño a la estructura que lo rodea o a sí mismo, tienes podarlo, etc. ¿pero qué pasa? Un día nos levantamos y vemos que las raíces de nuestro arbolito levantaron el piso de la sala ¡rayos! entonces nos enojamos con el árbol, tratamos de arreglar el desastre y después, una vez pasada la tormenta, nos olvidamos del asunto. El árbol continúa su estática vida, siguiendo su ciclo vital, insertando cada vez más profundamente sus raíces y luego ¡plop! ¡el tronco creció torcido! ¿qué hacemos? Nos enojamos una vez más con el árbol, llamamos al jardinero y como el árbol ya está grande no nos queda otra que cortar el tronco y esperar a que crezca y esta vez esperamos que no se tuerza y para ello, los jardineros usan un “palito” amarrado al tronco para que le sirva de guía y no se tuerza. Por supuesto, otros más radicales simplemente sacan el árbol de raíz y punto: fin del problema.

Un hijo es como un árbol. No es simplemente traerlo al mundo y ya. Tampoco podemos alimentarlos, vestirlos, mandarlos al colegio y darles plata y pensar que esa es toda nuestra labor como padres o a lo mejor pretender que como somos cristianos nuestros hijos serán naturalmente lindos y obedientes, porque repito, somos cristianos y el Espíritu de Dios y tararí tarará. No, para nada. Cada niño es como es: un roble, un ciprés, un pino, un álamo, un fresno, una palmera. Algunos crecen naturalmente fuertes otros requieren de más cuidado, otros muestran sus frutos rápidamente otros tardan muchos años, otros son decorativos y otros son altos y longevos. Cada niño es único, con sus propias cualidades, sus virtudes y sus defectos. Siempre he escuchado que los hijos son la extensión de los padres: nada más equivocado, nada más fuera de la realidad ¡los hijos no son la extensión de nadie! Partamos por ahí. Tenemos un hijo y lo primero que debemos entender es que es una persona diferente a nosotros. A medida que va creciendo, incluso desde las primeras horas, vamos conociendo su carácter y sus preferencias. Cuando mi hija nació estuve por un tiempo con mi mamá y la verdad es que no entendía muy bien a mi hija, entonces mi mami me iba diciendo “tiene sueño”, “está aburrida”, “tiene hambre” (claro, la experiencia, pero mi mami captó más rápido el carácter de mi hija) y así poco a poco, aprendí a distinguir necesidad vs. reacción y de qué manera tenía que actuar yo como mamá. Así es hasta el día de hoy: acción – reacción.

Los hijos crecen, su temperamento se va moldeando y sus necesidades y problemáticas cambian también y cada vez que eso sucede, tenemos que ajustar el “palito”, es decir, la guía, para que no se tuerza. La Biblia nos dice que nuestra naturaleza es pecaminosa, es decir, nos inclinamos naturalmente a la desobediencia, a la rebeldía y no podemos pretender que nuestros hijos, por el hecho de haber sido criados en “cuna evangélica” o porque los llevamos a la escuela dominical, no se inclinen por el lado “oscuro de la fuerza” (sí me gusta Star wars, jejee). Al contrario, como padres cristianos Dios nos exhorta a disciplinar a nuestros hijos, eso quiere decir que debemos adoptar medidas antes, durante y después. Reconozco y lo he dicho siempre, que soy extremadamente consentidora, pero gracias a Dios mi mamá, mi papá y Mario (el papá de mi hija) se encargan de enmendarme la plana antes de que las cosas alcancen proporciones descomunales. Sí señores, mamá perfecta no soy ni me creo. Ajustar el “palito” es un proceso difícil y doloroso para ambas partes. Para ellos, porque tenemos que apretar el nudo de la vara al tronco en contra de lo que le dicta su naturaleza (es decir torcerse) y para nosotros porque nos toca apretar la cuerda.

Proverbios 22:15 “La necedad es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina la corrige”

No podemos esperar que el tronco no se tuerza si dejamos que crezca sin guía. No podemos esperar que nuestros hijos sean obedientes si nunca les enseñamos a obedecer. La disciplina es esencial para la formación de nuestros hijos, Dios nos disciplina porque nos ama, nosotros disciplinamos a nuestros hijos porque los amamos. Cuesta, sí. Duele, sí también. Pero a la larga veremos el fruto y nuestros hijos también.

APLICANDO LA DISCIPLINA

Ya que no existe un colegio pre-paternal tenemos que ir aprendiendo en el camino. Lo cierto es que nuestra obligación es corregir a nuestros hijos. Entonces, cuando llega el momento nos preguntamos ¿cuál es la forma correcta de disciplinar a los chicos? ¿qué debo y que no debo hacer? Tal como mencioné en párrafos anteriores, cada niño es diferente, lo que funciona con uno puede no funcionar con otro, llegar al punto adecuado toma tiempo y lamentablemente tenemos que usar el método de ensayo y error. ¿Usamos la tradicional nalgada o les quitamos algo? ¿Los mandamos al rincón o los dejamos sin postre o les damos un azote?

He escuchado a muchos psicólogos que dicen que no debemos emplear las “nalgadas” para disciplinar a nuestros hijos, que debemos conversar, hablarles, etc. Para mí y repito, en mi opinión, los psicólogos dicen lo políticamente correcto en lugar de lo que en la práctica funciona. El otro día estaba haciendo zapping y en el canal Liv estaban dando una serie que se llama “Parenthood” y el papá le decía a un niño que no quería comer “te dejo ver 15 minutos de televisión si comes tu comida” y el niño dijo “15 minutos por bocado” y el padre accedió.

Esta es la moda actual, la negociación, la onda psicológica de “jamás una nalgada” “jamás un cachetazo” es lo que los padres de hoy en día optan para que los niños obedezcan o se porten bien o cumplan con sus obligaciones.

Entendamos que no somos negociadores. Nosotros somos los padres y ellos los hijos. Nosotros los formadores y ellos los que necesitan ser corregidos. Al “negociar” con ellos nos ponemos al mismo nivel que los niños y les entregamos un poder que no deben tener, estamos cediendo la autoridad que Dios nos ha dado y eludiendo nuestra responsabilidad. Explicar, no es sinónimo de “negociar” vale decir, “si haces esto, yo hago aquello”. Por supuesto hay cosas y cosas que se pueden “negociar” con los hijos, pero nunca al aplicar la disciplina.

Veamos que dice la Biblia:

2 Samuel 7: 14 “Yo seré su padre, y él será mi hijo. Así que, cuando haga lo malo, lo castigaré con varas y azotes, como lo haría un padre”

Salmos 89:32 “con vara castigaré sus transgresiones y con azotes su iniquidad”

Proverbios 23:23 “No dejes de disciplinar al joven, que de unos cuantos azotes no se morirá”.

Proverbios 29:15 “La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre”

Todos estos pasajes nos exhortan a corregir a nuestros hijos, disciplinarlos, incluso utiliza las palabras “vara” y “azotar” y que “de unos cuantos azotes no se va a morir”, es claro que está hablando de castigo físico y por supuesto no estamos hablando de maltrato, estamos hablando de corrección.

Para tener las cosas un poco más claras:

¿Qué quiere decir disciplinar? La palabra “disciplina” en el hebreo es “musar”, que quiere decir: instrucción, castigo, advertencia. Si vemos las diferentes palabras que nos dan el significado del “musar”, podemos ver con claridad que la Escritura no habla solamente de disciplinar con vara, si no también habla de instruir y advertir.

De la misma forma en la que Dios disciplina a sus hijos debe ser la disciplina con la que los padres traten a sus hijos. El Señor desea constantemente instruir a Sus hijos, pero también hay veces que le es necesario castigar a sus hijos, como los padres en lo natural, instruyen (hablan) al niño pero hay momentos en los que es necesario algo más que hablar, hay que aplicar el castigo: la vara

La vara: En hebreo SHEBET (vara) es una rama delgada y flexible de un árbol. La “vara” es sólo una parte del “musar” (disciplina) y es también es símbolo de autoridad, recordemos por ejemplo la vara de Moisés o la vara del pastor. ¿Qué quiere decir esto? La vara debe usarse únicamente para disciplinar, no para asustar o amenazar. El niño debe comprender el significado de la vara y que la disciplina no significa ausencia de amor sino lo contrario.

Para que la corrección sea eficiente que diferenciar entre el uso de la vara y el azote y lo explica el Salmo 89:32. Hay travesuras y maldad. Hay cosas que merecen ser corregidas con un simple “te quedas sin postre”, otras que merecen una “nalgada” y otras que merecen ser castigadas de otra manera. Y vuelvo a repetir, no estoy hablando de maltrato infantil. No se te ocurra abrirle la cabeza a patadas ¡por favor! ¿Debe haber diálogo? Definitivamente que sí. Hay que explicarle qué hizo mal y porqué está mal y aplicar la corrección. Les contaré que particularmente me cuesta mucho esta última parte, digo, la de aplicar la corrección porque como ya mencioné antes, soy recontra consentidora. Pero mi mamá siempre me recuerda que ella sigue creciendo y que ya no es una bebé y si no la corrijo ahora, luego será muy tarde y la culpa será mía, porque el trabajo de ajustar la guía me ha sido encomendada a mí y a su papá. Yo puedo hablar hasta que se me caiga la lengua, pero aplicar el castigo, sobre todo ahora que está adolescente, me cuesta muchísimo, lo reconozco, pero hay que hacerlo aunque nos duela a las dos.

Entendamos que si no estamos dispuestos a corregir a nuestros hijos, entonces, no estamos amándolos. Si no los corregimos a tiempo, entonces, el tronco se tuerce y si pasamos dejar el tiempo, enderezarlo puede que ya no esté en nuestras manos, un buen cachete a tiempo puede ahorrarles una vida de desdichas y lamentos.

Proverbios 13:24 “No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo”.

LA VIDA SIGUE, LOS HIJOS CRECEN, NOS HACEMOS MAS VIEJOS

Es cierto, es otro hecho. Nuestros hijos, como ya me recuerda mi mamá, crecen, se vuelven adultos y toman sus propias decisiones. Yo siempre le digo a mi hija: “Ay hijita ¿porqué no te quedaste en mi barriga?” La necesidad de proteger a nuestros hijos es un regalo adicional de parte de Dios. Ese instinto de protección, de mamá gallina se despierta conmigo cada día y me impulsa, incluso a la sobreprotección. Es extremadamente útil algunas veces, nos hace ser más avispados, a estar alertas contra los peligros reales e imaginarios, pero a veces nos ciega al punto de verlos como bebés, como nuestros pequeñitos que van babeando mientras gatean por la sala y van directamente con el dedo extendido hacia el enchufe y nosotros corremos como poseídos para evitar que se electrocuten. Pero esta etapa no dura toda la vida. Por ello, la necesidad de corregir, de disciplinar, de ajustar la guía a tiempo, para que llegado del momento nuestros hijos se equivoquen lo menos posible y ojo que digo lo menos posible, porque infalibles no son. Cuando ya llegan a cierta edad, no podemos impedir que tomen sus propias decisiones y que carguen con las consecuencias de ello, sean estas para bien o para mal. Se van a equivocar, los veremos tropezar y nosotros debemos estar ahí para ayudarlos. Lamentablemente, cuando ya son mayores de edad no podemos decidir por ellos, no podemos asumir las consecuencias de sus errores, no podemos hacer que por ejemplo vayan al a iglesia, que oren, que se porten bien, etc. Si no hemos ajustado la guía, si no hemos corregido, ellos van a actuar en consecuencia de lo que les dicta su naturaleza e incluso, si lo hemos hecho y ellos igual lo hacen, no podemos hacer nada más que orar, aconsejar y ayudar.

El domingo pasado (digo el 9 de mayo) celebramos el día de la madre. Estuve junto con mi familia y conversábamos respecto a nuestros hijos. No importaba si era la abuela o la madre con hijos adultos o la madre con hijos pequeños, todos teníamos algo en común: preocupación por nuestros hijos y cuando ya son grandes a veces nos sentimos impotentes porque no podemos tomar las decisiones por ellos, porque no podemos meternos a empujones a sus vidas, porque nosotros vemos el abismo al que se dirigen ellos alegremente y aunque se los indiquemos con luces de neón ellos siguen andando ligeritos hacia un error garrafal y nos duele. Pero así son las cosas. ¿Qué nos queda por hacer? Orar. Yo oro por mi hija. Mi mamá ora por mí y por mi hermano. Y así, los padres cubrimos en oración a nuestros hijos encomendándolos a Aquél que todo lo puede.


INFALIBILIDAD PATERNAL

Y como quien no quiere la cosa. Los padres no somos infalibles. Me ha tocado disculparme en muchas oportunidades y en ello también hay una lección para nuestros hijos. Gente, los hijos no vienen con manual incluido. Los hijos no son todos iguales, ni siquiera igual a nosotros y podemos equivocarnos. Estoy segura que a todos nosotros los padres nos gustaría ser omnipresentes y todopoderosos ¿o no? Me gustaría haber estado cuando a mi hija le “llovió” una niña y le rompió el diente, me gustaría estar en el salón de clases y jalarle la oreja cuando anda “carteándose” con la niña del costado y no presta atención a la clase o saber qué es lo que le hace sentir triste cuando ella no me lo quiere decir. Y así supongo que somos todos los padres.

Confiemos pues, en el mejor Padre del Universo, el más sabio y el más amoroso, sigamos las instrucciones que él nos ha dejado para criar a nuestros hijos, usemos las herramientas que él ha dispuesto para nosotros y finalmente, descansemos en El y tengamos paz, porque entendamos algo, es cierto que Dios nos ha bendecido con hijos, El nos los dio, pero nada es nuestro, ni siquiera ellos.

Amemos a nuestros hijos. Digámosles cada día cuanto los amamos, no solo con palabras sino también con acciones y la corrección es también una manera de decir: Te amo.

Proverbios 22:6: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará”

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Acabo de leer el excelente articulo sobre el castigo corporal y desearia preguntar lo siguiente :

¿ a quien debemos obedecer en cuanto al modo en que debemos castigar con la vara a nuestros hijos , al estado o a DIOS ?.

todos sabemos de sobra que DIOS prescribe la aplicaciòn de la vara en las nalgas de nuestros hijos para castigarlos cuando de otro modo resulta imposible corregirlos en nuestro hogar es mi exposo quien aplica la vara a nuestras hijas y esa forma de disciplinar a nuestras hijas de 13 y 12 años de edad jamàs la cuestionamos , lo ordena Dios y a nosotros con eso nos es mas que suficiente !! pero el problema surge cuando lo que DIOS prescribe choca frontalmente con las leyes del estado , en ese caso ¿¿¿ que debemos hacer nosotros como Cristianos ??? ¿¿ a quien debemos obedecer en este asunto al Estado o a DIOS ??.

De sobra nos es conocido a todos eso de DAR AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS !!!.

entonces en este caso ¿ que es lo que corresponde dar al Cesar ? porque a Dios sabemos de sobra lo que le tenemos que dar !!!.

Por favor desearia me aclararan esta duda .

Lucia Villar

España

Unknown dijo...

Bendiciones Lucia
Nosotros en primer lugar debemos obedecer a Dios, sin embargo, la palabra de Dios también nos dice que debemos obedecer a nuestras autoridades (esto está en romanos) así que como cristianos estamos llamados a ser intachables ante la ley, con la salvedad que ésta nos haga desobedecer a Dios. En este caso, me parece que deben buscar otra forma de corrección, como quitarles lo que más les gusta, el dinero, el celular, las salidas con los amigos, cosas por el estilo. Mi hija tiene 13 años y es lo que hago actualmente, ya que es lo que le "duele" mas, por decirlo de alguna manera, pero por supuesto ya aplico la vara uando el asunto a pasado a mayores, cuando la conversacion, el castigo quitandole algo no ha funcionado.

MIREYA COLINA dijo...

Apreciados hermanos Cristianos: Despues de leer su excelente articulo sobre la DISCIPLINA CORPORAL que los padres Cristianos debemos aplicar a nuestros hijos tengo que dar gracias al Señor Dios por haber encontrado su pagina pues hace una descripcion correcta de como y en que condiciones se debe disciplinar corporalmente a un hijo o hija cuando todos los demas recursos de disciplina han fallado anteriormente .

Usted ha mencionado las citas Biblicas que se refieren a la vara pero ha olvidado mencionar el pasaje que dice . ¡¡¡ EL LÀTIGO PARA EL TRASERO DEL NECIO !!! , como puede ver Dios prescribe los azotes no solo con vara sino tambièn con làtigo en el trasero de los hijos que estan poseidos por la NECEDAD y esta les impide obrar correctamente .

Cuando se menciona en la Biblia la palabra ” làtigo ” este vocablo no se refiere al tipo de latigo que usaban los mayorales de las plantaciones de algodòn que poseian esclavos y los azotaban cuando no rendian en su trabajo y que era el latigo del tipo “serpenteado ” sinò que se refiere a un pequeño mango al cual van unidas cuatro o cinco delagadas correas de cuero , las cuales no van a causar mas daño sobre la piel de las nalgas que el extrictamente necesario para lograr la correcciòn de la maldad cometida y ese daño fisico ni va a causar la muerte al muchacho ni siquiera una enfermedad , cierto es que al muchacho o muchacha despues de haber recibido una severa zurra con este tipo de làtigo todo lo mas que le van a quedar son sus nalgas tan doloridas por los azotes que en adelante se va a pensar mucho si le conviene cometer de nuevo la maldad grave por la que sus padres le hicieron doler tanto la piel de sus nalgas .

Debemos tener en cuenta que Dios no solo prescibe la VARA sino tambièn el LÀTIGO de correas para castigar las maldades o desobediencias graves que nuestros hijos a veces a lo largo de sus vidas en el periodo de crianza nos suelen cometer .

Si desean debatir de forma mas precisa este tema acà les dejo mi email :

mireycolina@yahoo.com.co

Mi esposo y yo estamos a la orden para cualquier padre o madre que necesite orientacion y consejo sobre el tema de la aplicaciòn de la DISCIPLINA CORPORAL a sus hijos pero siempre ateniendose a los extrictos limites que la Biblia marca .

MIREYA COLINA